Si la aseguradora determina que un siniestro fue provocado con dolo o de manera intencional, puede rechazar la cobertura y dar por terminado el contrato.
Los seguros no cubren hechos deliberados, porque están diseñados para riesgos inciertos. En estos casos no existe derecho a indemnización y la compañía puede desligarse de su obligación de pago siempre que demuestre la mala fe del asegurado, además de iniciar posibles acciones legales contra el asegurado por fraude.